domingo, 22 de septiembre de 2013

Panamá, el país de las maravillas

Existen tres Panamá distintos, todo depende de la clase social en que naciste. Está el Panamá de lujo, el de las minorías, que tiene grandes edificios, autos último modelo; el de la opulencia. También está el Panamá de la clase media, sector al borde de la extinción, que goza de "lujos" limitados pero que cada vez tiene menor poder adquisitivo. Y por otro lado está el Panamá de la mayoría, ese país donde la gente todos los días ve cómo puede hacer para sobrevivir, donde lidia con un sistema de transporte pésimo, una educación mediocre y en el que el dinero no es suficiente.

Creo yo, que en la cintura de América, al igual que "Alicia en el país de las maravillas", vivimos un sueño que asumimos como real. Nos comemos el cuento que estamos a un sólo paso de ser un país del primer mundo. Pero falta mirar a nuestro alrededor, observar cómo vive nuestra gente y tener un poco de sentido común para ser conscientes que estamos a años luz de ser "desarrollados".

Para empezar, tal y como siempre pregona mi abuela: "el subdesarrollo no es solamente económico también es mental". Quizás sea nuestra mentalidad precisamente lo que nos aleja tanto del primer mundo. Es aquí dónde surge la gran incógnita: ¿quién es responsable por la forma de pensar del panameño? Desde mi punto de vista, son dos factores fundamentales los que influyen en esto: uno la deprimente calidad de medios de comunicación e información y el pésimo sistema educativo.

Los medios de comunicación panameños lo que menos hacen es informar y orientar; se dedican a entretener de manera vulgar y no le ofrecen otra cosa que "pan y circo" al pueblo. Nos bombardean de novelas, reality shows, noticias violentas e informaciones a medias, para mantenernos alejados de los verdaderos problemas de nuestra nación. Nos aplican la primera estrategia de manipulación mediática de Chomsky, la de la distracción.
Una vez dije: "parece que a la juventud le interesa más la depresión que sufre Britney Spears que la depresión que sufren nuestros pueblos al no tener cómo resolver sus necesidades básicas". Es que nos tienen tan idiotizados que no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Tal como dijo Simón Bolívar: "nos dominan más por ignorancia que por la fuerza".

Es aquí donde entraría, en un escenario ideal, el papel de la educación; pero resulta que en nuestro país el sistema educativo es parte del juego insano que aplica el modelo neoliberal. Empezando porque el amor a la patria y a su historia, no tiene cabida ni espacio en la mente panameña. Nos fuerzan a olvidar. A olvidar para que repitamos una y otra vez la misma historia triste y sin final. No quieren que sepamos la verdad, nos hacen amar a quienes siempre nos han entregado y menospreciado y a los que nos han pisoteado: los gringos y la oligarquía panameña.
Por otro lado la enseñanza está orientada a fortalecer una mente de servicio y no una de análisis. El pensar se ha convertido en un lujo y algo innecesario, lo que importa es el manejo de la tecnología y que tan bien sabes atender a un cliente, que en muchas ocasiones significa que tanto puedes aguantar ser explotado.

Al problema de la educación y los decadentes medios de comunicación, se le suma el plan de gobierno de todos los que han ostentado el poder en Panamá. Todo está diseñado para aniquilarnos como seres humanos y crear cuerpos que resistan todo sin protestar. Y es que precisamente estos planes de gobierno lo que menos buscan es el desarrollo sustentable de nuestra nación.

Cuando un gobierno trabaje por una mejor distribución de las riquezas, salud, vivienda digna, educación, costo de la canasta alimenticia, seguridad y mejores condiciones de vida; entonces podemos apostar al desarrollo. Ya es hora de vencer el mito del asistencialismo, que lejos de resolver los problemas de fondo sólo da cabida para el paternalismo y parasitismo.

 ¿Será que algún día dejaremos de creernos el tonto verso de la gran metrópolis? ¿Dejaremos de seguir soñando con ser la imitación absurda y barata de Miami? Sólo espero que este pueblo al igual que Alicia, en el país de las maravillas" despierte de ese sueño en el que ha estado sumergido tanto tiempo.